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INVASION DEL EJERCITO CHILENO EN LOCUMBA

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 TAGS:undefinedEl ejército chileno muy bien aprovisionado desembarco por el puerto de Ilo (en la época de la Guerra del Pacifico en el año de 1880), llegando a Locumba una patrulla de reconocimiento compuesta por 50 soldados chilenos al mando de un teniente que según se dice apellidaba Almeda. El Coronel peruano Gregorio Albarracín desembarco por la caleta de Ite, formando el Batallón Locumba. TAGS:undefinedEsto ocurría pocos días antes del sangriento suceso de la batalla del Campo de la Alianza. El Coronel Albarracín arribo con sus huestes a Locumba entrando sin preámbulos en combate con la patrulla invasora que resulto totalmente aniquilada, según refieren, solamente se salvó uno de ellos, el teniente Almeda quien a caballo tomo la pampa de Sitana hacia Hospicio-Moquegua.
Como consecuencia de esta sangrienta acción librada en el mismo pueblo de Locumba, su vecindario se encontraba gravemente comprometido ante el grueso del ejército enemigo que muy pronto asolaría todo el valle, seguramente plenos de ira y de venganza, por el triste fin que se le había dado a la patrulla de reconocimiento.
Con este motivo las familias locumbeñas al encontrarse con este peligro, apresuradamente trataron de abandonar el pueblo y correr en busca de refugio. Alguien dio la idea y señalo como mejor lugar para ese efecto, la quebrada de Cauña a donde se trasladaron apresuradamente en larga caravana, premunidos de los elementos más necesarios; en este caso ayudados por la tropa del Batallón Locumba que estaba pronto a marchar al Campo de la Alianza.
Luego de la batalla de Los Ángeles-Moquegua, que se libró el 22 de Abril de 1880, el ejército chileno se concentró en Locumba; de esta manera se cumplía inexorablemente el momento de la venganza. Y fue aún más terrible la furia invasora, cuando en el mismo teatro del suceso recordaron el triste fin de su patrulla de avanzada. Dictaron la terrible sentencia: Todos los locumbeños debían ser pasados por las armas, incendiadas las casas del pueblo como también las del campo. Pero como casi la totalidad del vecindario estaba ausente, fueron pocas las personas que rindieron su vida frente a la furia chilena… Locumba fue arrasada por esa impía acción que puso prácticamente todo el pueblo en llamas, incluso la iglesia (se dice que los chilenos buscaban con ansiedad la efigie del señor de Locumba, no se sabe si para llevársela o destruirla; felizmente no fue habida, pues había sido ocultada previamente); de esta manera Locumba quedo en escombros y en completa desolación. TAGS:undefinedMientras tanto en la quebrada de Cauña, donde una multitud de almas vivía angustiada entre los azares de la guerra, orfandad e incertidumbre. La constante amenaza de muerte, la condición de desnudez y la terrible situación de hambre que se vivía en los desolados parajes de Cauña, llevaba a esa gente a sumirse en la desesperación y el paroxismo. Los pocos varones que en última instancia habían llegado allí en condición de prófugos, aprovecharon las primeras luces del alba, trepaban la cumbre para atisbar en dirección de Locumba, hasta que un día de retorno trajeron la terrible noticia de que habían visto avanzar una caballería y portando brillantes armas. No cabía duda que se trataba del ejército enemigo, cundiendo un terrible pánico entre las mujeres y niños que desesperadamente apelaban al Señor de Locumba, demandando en clamorosa y santa devoción su amparo. TAGS:undefined                                   UN HOMBRECITO DE HUMILDE VESTIR
Mientras el elemento femenino y los niños elevaban preces a Dios en son de auxilio; los varones ancianos y los pocos adolescentes que allí se encontraban, poniendo su fe en Dios juraron defender el honor de la patria y amparar las familias allí refugiadas, acordando entonces en medio de vivas y amplio fervor patriótico hacer resistencia al enemigo. A la voz de “pasaran por nuestros cadáveres”, cebaban el cañón de los pocos fusiles que poseían, otros preparaban sus armas blancas dispuestos a la lucha cuerpo a cuerpo si era necesario. Apresuradamente levantaron trincheras con piedras de roca y así esperaron el momento supremo para jugarse la vida en defensa de la patria. TAGS:undefinedY efectivamente la caballería chilena avanzaba con cauteloso tacto y en minuciosa observación, temiendo un sorpresivo ataque. Cuando estaban a un kilómetro y medio del lugar del refugio, de pronto las avanzadas de la tropa enemiga se encontraron con un hombre que caminaba en sentido contrario, era de apariencia humilde y casi cubierto de andrajos. Inmediatamente fue detenido, no hacia resistencia, pero fue llevado de viva fuerza a los jefes. El extraño caminante de apariencia sencillo, lucía un austero semblante y sus palabras tenían el don de convencer; su mirar tal vez llevaba un poder hipnotizante. De otra manera no se concibe como pudo cambiar el rumbo a un regimiento de caballería que estaba ávido de sangre y sed de venganza, solo con el resultado de una breve interpelación que le hicieron los conductores de la caballería extranjera. TAGS:undefinedEl modesto hombre quedo en libertad y siguió su camino, mientras los jefes militares en las alturas de esas sombrías e inhóspitas montañas cubiertas de tupidos matorrales se detuvieron a deliberar sobre la situación, hasta que retumbo una sonora voz de mando, que ordenaba “la media vuelta”. Así el regimiento de la venganza, hizo su regreso al desolado pueblo de Locumba.
Aquel misterioso personaje que salvo al vecindario locumbeño, había aparecido justamente en el preciso momento que era necesario interceder por los desamparados en el refugio de Cauña. El caso fue un portento de Dios. TAGS:undefined

 

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